Las muestras culturales más antiguas de nuestra tierra proceden de los Íberos. También tenemos excelentes monumentos románicos, góticos, renacentistas, mudéjares, modernistas o rabiosamente contemporáneos, como la recién construida Ciudad del Motor en Alcañiz.

Nuestra cultura, como los grandes vinos, está tejida por la historia, por la necesidad y por la tradición. Nos ofrece desde la humilde masada al pueblo que aún se debe descubrir; desde el soberbio nido del “Tigre” en Cantavieja a los señoriales palacios del Matarraña y el Maestrazgo; desde las pequeñas ermitas a las imponentes iglesias de renombre histórico; desde las recoletas fuentes a los empinados calvarios; un mundo de calles viejas donde aún resuenan los pasos de caballeros y maestres, donde el aire huele a barro y geranios.

En el Bajo Aragón, Cultura se escribe con mayúsculas, las de los nombres que como Buñuel, Laín Entralgo, Valero Lecha, Pablo Serrano, Antón García Abril o Nati Cañadas le dan fama mundial, sea con una cámara de cine, con la palabra, con un pincel, con la gubia, con un piano o con la pluma. Nombres que abren camino a los que vienen, nombres que despiertan pasiones.

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