Nuestra tierra, el Bajo Aragón, es vigorosa, antigua, hermosa, con una gran riqueza de matices y una naturaleza prodigiosa. También es diferente, exclusiva, delicada, plena de singularidades y detalles inesperados y elegantes.

Como si de los taninos del vino se trataran, nuestra tierra tiene corazón de carbón, sangre de arcilla y piel de cal. Se adorna con flores de almendro, plata de aceituna y granates de uva madura. Sus tesoros naturales son incontables. Desde las gargantas mágicas del Parrisal de  Beceite hasta las orgullosas cumbres del Maestrazgo turolense, desde las entrañas de las Cuevas de Cristal en Molinos hasta el exuberante nacimiento del río Pitarque, nuestros paisajes son únicos, diferentes, llenos de personalidad y de magia.

 

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